"Hola, ¿me das un precio rápido?" Esa frase parece una cortesía y en realidad es una trampa —casi nunca con mala intención—. El cliente quiere saber si le alcanza. Tú, si respondes con un número al aire, acabas de fijar el techo de la negociación sin saber qué estás vendiendo.

El problema no es dar precio rápido. El problema es dar precio sin información.

Por qué el número al aire te cuesta plata

Cuando dices "más o menos tres millones" y después descubres que eran cinco versiones, con derechos para Latinoamérica y entrega en tres días, ya no puedes subir: el cliente escuchó tres millones y ese es el precio en su cabeza. Cualquier ajuste posterior suena a que le estás cobrando de más.

Al revés también pasa: das un número alto por prudencia, el cliente se asusta y se va, cuando el trabajo real era chiquito y sí era negocio.

Las 7 preguntas

Ninguna toma más de diez segundos de responder, y las siete juntas te dan una cotización:

1. ¿Para qué es? El entregable concreto: un spot, una canción, una identidad sonora, una automatización.
2. ¿Dónde se va a usar? Redes propias, radio, televisión, interno de la empresa, pauta paga.
3. ¿Por cuánto tiempo y en qué territorio?
4. ¿Para cuándo lo necesitas? La urgencia es un costo, no un favor.
5. ¿Cuántas versiones o entregables?
6. ¿Quién aprueba? Si aprueban cinco personas, van a ser más rondas de ajustes.
7. ¿Tienen un presupuesto asignado? No es indiscreción: es lo que evita que los dos pierdan una semana.

La respuesta de tres líneas

Esto se puede copiar tal cual y ajustar:

"Con gusto te paso un número hoy mismo. Para que sea un precio real y no una cifra al aire, cuéntame tres cosas: para qué es exactamente, dónde y por cuánto tiempo se va a usar, y para cuándo lo necesitas. Con eso te mando la cotización formal en PDF."

No suena a evasiva. Suena a que sabes lo que haces, que es exactamente lo que el cliente quiere confirmar.

Da un rango, no un número

Cuando el cliente insiste —y a veces insiste— la salida honesta es un rango con tres condiciones pegadas: qué incluye, qué no incluye y hasta cuándo vale ese precio.

Ejemplo: "Un proyecto así se mueve entre X y Y. La diferencia la marcan el número de versiones y el plazo de uso. Ese rango se sostiene 15 días." El rango protege a los dos: al cliente le sirve para saber si le alcanza, y a ti para no quedar amarrado.

Tu piso no se negocia, el alcance sí

Si el presupuesto no llega a tu número, no bajes la tarifa: baja el alcance. Menos versiones, menos plazo, menos territorio, entrega menos urgente. El precio por hora se mantiene y el cliente decide qué compra.

Para saber cuál es ese piso —el punto por debajo del cual estás trabajando en pérdida— está la calculadora de tarifas: te da tu número por hora, por día y por proyecto en pesos colombianos, con tus gastos y tus impuestos dentro.

Cierra siempre en un documento

La conversación de WhatsApp no es una cotización. Pasa el acuerdo a un PDF con tu logo, los datos del cliente, el IVA, qué incluye, qué no y hasta cuándo vale. El cotizador lo arma en dos minutos y sin marca de agua.

Si tu caso es sonoro, aquí está el detalle de cada uno: cuánto cobrar por un jingle y cuánto cobrar por una locución comercial.