La pregunta llega siempre igual: "¿cuánto me cobras por un jingle?". Y la respuesta que casi todos damos —un número sacado de las horas que nos vamos a demorar— es la que nos deja trabajando gratis.

Un jingle no es un archivo de audio. Es una pieza que va a salir al aire, en unos medios concretos, durante un tiempo concreto, en un territorio concreto. Eso es lo que se cobra.

El error de cobrar por el tiempo

Si cobras por las horas de estudio, el cliente que va a poner tu jingle en la radio nacional durante dos años paga lo mismo que el que lo va a usar en su Instagram por un mes. Tú hiciste el mismo trabajo, pero el valor que cada uno recibe no se parece en nada.

El tiempo te dice tu piso: por debajo de ahí trabajas en pérdida. El uso te dice tu precio.

Paso 1: saca tu piso real

Tu costo por hora no es lo que quieres ganar. Es esto: lo que necesitas generar al mes (tu sueldo más los gastos fijos del negocio), dividido entre las horas que de verdad puedes facturar —no las 160 del mes, porque también cotizas, respondes correos y persigues pagos—, más la utilidad y menos la carga de impuestos y seguridad social.

Esa cuenta la hace sola la calculadora de tarifas. Como referencia, el mercado de producción musical en Colombia se mueve, en estimados por hora, entre $25.000 y $120.000. Es una referencia del gremio, no una regla: tu número sale de tus cuentas, no de un promedio.

Paso 2: multiplica por el uso

Sobre ese piso se aplica el uso. No hay una tabla oficial en Colombia, pero la lógica que usa la industria es siempre la misma y son cuatro preguntas:

1. ¿Dónde va a sonar? Redes propias del cliente pesa menos que radio local; radio local pesa menos que radio nacional; y televisión o campaña con pauta paga pesa más que todo lo anterior.
2. ¿Por cuánto tiempo? Tres meses, un año o uso indefinido son tres precios distintos.
3. ¿En qué territorio? Una ciudad, el país o toda Latinoamérica.
4. ¿Con exclusividad? Si el cliente te pide que no hagas nada parecido para su competencia, eso también se paga.

La regla práctica: cada vez que una de esas cuatro respuestas crece, el precio crece. Y crece sobre el piso, no en lugar del piso.

Licencia no es lo mismo que cesión

Esta es la parte donde más plata se pierde. Una licencia es permiso de uso por un tiempo y unos medios definidos: cuando se vence, se renueva y se vuelve a cobrar. Una cesión es entregar la obra: el cliente hace con ella lo que quiera, para siempre.

Si te piden cesión total, no puede costar lo mismo que una licencia de seis meses. Y ojo con la letra menuda del contrato: muchas órdenes de compra dicen "todos los derechos" sin que nadie lo negocie.

Qué debe decir tu cotización, siempre

Una cotización de jingle que no dice esto se convierte en discusión a los dos meses:
✅ Cuántas versiones incluye (30", 15", 10", instrumental, karaoke).
✅ Cuántas rondas de ajustes están incluidas y qué pasa con la siguiente.
✅ Quién paga la voz, los músicos y los derechos de terceros.
✅ El plazo de uso, el territorio y los medios autorizados.
✅ Qué pasa cuando el plazo se vence.

Cómo lo armo yo

Primero saco el piso con la calculadora. Después le sumo el multiplicador de uso según esas cuatro preguntas. Y entrego siempre un rango con vigencia, no un número suelto: "entre X y Y, según los medios y el plazo; el precio se sostiene 15 días".

Ese rango se convierte en una cotización formal en dos minutos con el cotizador en PDF, con tu logo y sin marca de agua.

Lo que no debes hacer

No des un número por WhatsApp antes de saber dónde va a sonar. No incluyas ajustes infinitos "porque es un cliente bueno". Y no bajes tu piso para ganarte el proyecto: si el precio no da, se recorta el alcance —menos versiones, menos plazo, menos territorio—, nunca el piso. Sobre eso hay un artículo aparte: cómo responder cuando piden un precio rápido.